==============================================================================
Mostrando entradas con la etiqueta PERSONAL. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PERSONAL. Mostrar todas las entradas

Mi padre


Mi padre era un hombre admirable. No era un hombre perfecto, lo sé .Tenía muchos defectos y también muchas virtudes.  De adolescente rebelde, recuerdo que me parecía demasiado estricto, exigente; sin embargo, mucho más tarde, cuando me hice mayor y sobre todo cuando fui madre, supe que sólo quería lo mejor para mí y para mis hermanas. ·Entonces entendí muchas cosas.

Siempre he creído que transmitimos a nuestros hijos e hijas los modelos familiares en los que hemos vivido. Agradezco a mi padre y a mi madre los valores que me inculcaron, valores que también he intentado transmitir a mi hija. 

Él era un padre siempre «presente». A pesar de no ser excesivamente protector, él siempre «estaba». Supo renunciar tal vez a una vida  más cómoda para dejarnos la mejor de las herencias. No, no hablo de bienes materiales, que de esos siempre anduvimos escasos, hablo de cosas mucho más importantes. 

«Las niñas tienen que estudiar», decía… Algo raro en unos tiempos en los que la mayoría de los padres preferían a las hijas al cuidado de la casa. Recuerdo al padre de una de mis amigas al que yo con estupor escuchaba decir que no estaba bien que una mujer supiera más que un hombre. Agradezco a la vida haberme dado un padre como el mío.

Su amor por la música (aún conservo vinilos antiguos que le pertenecieron), lo inteligente que era, su valentía a la hora de enfrentarse a las adversidades, su memoria, los cuadernos que escribía con sus recuerdos e historias, la habilidad que tenía para relacionarse con la gente, su generosidad con los demás… 

De él aprendí lo importante que es la lealtad a la familia. Hoy mis hermanas y yo estamos absolutamente unidas. Somos hermanas y amigas. Siempre agradecida, papá.  

En la última etapa de su vida, entendió y asimiló que la vejez era algo natural. Fue aceptando el paso de los años y el deterioro físico con paciencia, con resignación .Nunca se quejó por ello. Admirable esa capacidad suya.

¡Cuántos recuerdos, papá! ¡Cuánto tengo que agradecerle!

Mi tita Pepa.



En la casa de mis abuelos José y Anita, había tres hijos: Antoñito, Jaime y la «niña de sus ojos», la pequeña Pepita, que se fue demasiado pronto . 



Desconozco los años que tenía cuando falleció.En cierta forma, ella seguía estando en el recuerdo de aquella casa vieja en la «Calle del Escribano» donde vivían. La misma casa en la que viví yo después gran parte de mi infancia. 


Ella era «La tita Pepa», «Pepita Alicia» su nombre completo . Bajita, morena, agraciada... Tanto mi padre como mi madre nos la recordaban y la nimbraban como si estuviera allí ... Y así crecimos, casi con su presencia. Yo conservo aún en mi casa un baulito de madera pintado que le perteneció. . 



En aquella época en la que a los hijos se les solía poner nombres de la familia, mis padres rompieron con esa tradición, salvo en el caso de mi hermana la menor, a la que mi madre insistió en llamarla como nuestra tía. 

Sé cómo y por qué murió tan joven. Esa sombra sobrevolaba su recuerdo constante. A mí me hubiera gustado conoceros a todos ellos, pero la vida no espera, marcha a pesar de nuestros deseos. 



Mamá


Mi memoria ha borrado las fechas, pero no las vivencias...Madrugada de octubre...

Hoy sé que mi madre era una mujer admirable. 

Lo buena que era. Lo guapa que era. El buen gusto que tenía para todo. Como le gustaba arreglarse...  La dedicación a sus hijas y luego a sus nietas. Como cocinaba, los vestidos que nos hacía, lo «moderna» que fue siempre en todos los sentidos. Con ella se podía hablar de casi todo y todo podía entenderlo.




De ella tengo muchos y muy buenos recuerdos. Hay una imagen que se me viene siempre a la memoria : ella , siendo yo muy chica, contándole a tita Petra la «Bollullita» la historia de las películas que veía en el cine de «Gorito» o en la tele que veíamos en casa de Pepa y Luis o donde Asunción... A mí me ha gustado siempre mucho el cine, es gracias a ella. 



Recuerdos de ella cosiendo en el patio .O cuando nos sentábamos en la puerta las noches de verano con Pepa, Luis y sus hijos. O cuando íbamos de pequeñas a la feria con los dos, ella cargada con la cesta con comida preparada. O cuando venía tita Antonia de Ceuta y los primos y primas. O el desayuno con churros de las mañanas de Corpus...




A veces parece que la escucho o que la tengo detrás de mí cuando cocino dándome instrucciones (la cocina para ella era todo un «arte»). En otras ocasiones me parece que me dice «eso no»... o «tranquila»... Yo la siento. Me gusta sentirla. 


Conservo su reloj y lo cojo como un amuleto (yo, que no soy nada supersticiosa) para que todo salga bien. Mi Sara lo llevó puesto en su examen de Oposiciones. 

Lamentablemente hay una imagen suya que nunca se me va. Aquella noche y aquel  «¡Ay, mis niñas!» . Me dejó muy tocada, lo reconozco. No acabo de superarlo. Y a veces lloro, pero no se lo digo a nadie. 

Lo que disfrutaría viendo a sus nietas tan mayores y tan bonitas. Le apenaba que «su Afri» estuviera sola...A nuestra Amanda no llegó a conocerla. 

La echo de menos. Mucho. Sé que a ella le gustaría saberlo.





En los campamentos saharauis.

A finales de octubre de 1998 visitamos los campamentos de refugiados saharauis. El verano anterior habíamos participado en la Campaña «Vacaciones por la Paz» y la vida nos bendijo con nuestra Layla. 

Me impresionó tanto todo aquello que cambió mi concepto de la vida. Allí conviví con gente acostumbrada a la más absoluta pobreza , gente entrañable que nos trataba como si fuésemos algo suyo, parte de su familia y que compartió durante cinco días con nosotros lo poco que tenían.


Llevaban años en aquel trozo de desierto pedregoso del Sáhara argelino. Los mayores habían vivido el éxodo. Los más jóvenes sólo tenían el recuerdo de lo que les contaban sobre su tierra de origen y los más pequeños, habían nacido allí y sólo conocían aquello o si tuvieron suerte, lugares de acogida en otros países. 

Casi toda la vida se concentraba en la jaima con suelo alfombrado, donde pasábamos la mayor parte del día. Me vistieron con la típica «melfa» de las mujeres saharauis , pintaron mis pies y mis manos con henna. 

Recuerdo cómo nos maravillaba el momento de preparación del té con su místico ritual : «el primero ...amargo como la vida, el segundo ... dulce como el amor , y el tercero... suave como la muerte»...

Visitamos la escuela, con sus paredes de adobe pintadas de blanco, la pizarra con un extremo roto, apoyada sobre una silla. Ojos curiosos nos miraban desde pupitres como los que tuve yo de pequeña. Y visitamos también a los otros niños y niñas que habían formado parte de aquellas «Vacaciones por la Paz» en Hinojos. 




Una nube de niños y niñas revoloteaban alrededor cada vez que salíamos de la «jaima». Nos seguían alegres, con risas , nos curioseaban , nos tocaban el pelo, la ropa...y devoraban las naranjas que Antonio llevaba en el bolsillo. 

De día hacía mucho calor, y normalmente, mucho viento que enarenaban los ojos. Por las noches, frío. Y aquella cúpula de estrellas sobre las cabezas... Nunca he visto cielo más hermoso.

Lloré cada noche, ya cuando nos quedábamos a solas tumbados sobre las mantas en el suelo en el habitáculo que prepararon para nosotros junto a la jaima.  Sentía desolación, rabia e impotencia .En mi «mundo» de comodidades no había visto sonrisas tan generosas conformándose con tan poco .


Mi primer viaje


Fue mi primer viaje. Debió ser en el año 1962 o 63. Con mi padre y mi madre y mi hermana Cinta.

Nos fuimos a Valencia en el coche de un amigo de la familia, «Vicentín», que por aquellos tiempos vivía en Hinojos, pero era originario o tenía allí a su familia, eso ya no lo recuerdo. 

Lo que sí recuerdo era que llovía a mares cuando llegábamos. También recuerdo el columpio pequeño que tía María tenía en una terracita y que a mí me debió hacer mucha ilusión porque sigo recordando ese detalle. 

Desde luego, a los primos y primas, todos ya chicos y chicas más mayores , excepto la prima «Pili», que era chiquitita y que aparece en esta foto conmigo y con mi hermana. 

¡Aquellos fotógrafos callejeros! Estaban para hacernos eternos por si la memoria nos falla. Mi hermana y yo vamos vestidas de la misma forma, con un vestido (posiblemente azul celeste y un adorno delantero en forma triangular en blanco)  que mi madre nos hizo. 

Después de unos días en Valencia, no recuerdo exactamente cuántos, nos desplazamos en tren a Madrid, a casa del querido amigo de mi padre «Eduardo Acosta». 

El contacto con la gran ciudad me dejó gratamente impactada. Son de esos recuerdos que no se borran aunque no sean absolutamente nítidos.

(M.A.C. , personal)

Decir...


Una a veces no sabe si decir las cosas o callarlas…temiendo equivocarme, no saber decirlas o no encontrar el momento ni las palabras adecuadas. “Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento”, decía Voltaire.

Con los años y la experiencia una aprende a expresar lo que siente con gestos y con palabras, y es bonito, porque opino que los sentimientos hay que expresarlos, decirlos…que si no se dicen … parece como si fuesen sólo humo.

Cuando quiero a alguien, necesito decírselo, decirle “te quiero” , entonces el sentimiento parece que se hace más real al compartirlo.Decir un “te quiero” a la persona por la que tienes ese sentimiento es la máxima expresión de complicidad con ella.

Decir un “perdóname” o un “lo siento” cuando es necesario me parece que es uno de los gestos más honestos que existen. Muchas veces una se debe tragar el orgullo y pedir disculpas a esa persona a la que hemos hecho daño, seguramente sin maldad.

Con los años he aprendido el valor de las palabras y lo importante que es saber decirlas, encontrar el momento y las expresiones adecuadas.

Así mismo, como importantes son las palabras, también lo es el “silencio”. Encontrar el equilibrio entre lo que decir y lo que callar. Todo eso forma parte del mismo juego.  “Existe un lenguaje que va más allá de las palabras.”

No hace falta decir todo lo que uno piensa a borbotones, sin más ¿Para qué? (La palabra una vez hablada, vuela y no regresa).

Por supuesto hay cosas que una siempre se guarda sólo para sí, forma parte de nuestro “rinconcito” particular . Cosas que no queremos decir ni compartir con nadie. Y es justo que sea así, porque posiblemente no encontremos palabras con las que expresarlas o bien simplemente son nuestras solamente y así queremos que sigan siendo. Y es ahí donde empieza esa conversación con una misma. 

_M.A.C. ( Personal)_



.